Una de las cosas que me ha dado por hacer últimamente es auto-cortarme el pelo; es decir, que me corto el pelo yo mismo. Por alguna extraña razón, cuando admites ésta práctica en público, te tachan poco menos que de loco. Que vale, yo bien del todo no esoty, pero loco, lo que se dice loco no; un poco ido a lo sumo.

El caso es que desde que nací sólo he llevado dos (*) cortes de pelo distintos:

  • El corte de pelo de niño bueno: que es el que le encanta a todas las madres de España (excepto a las que son unas chonis). A la peluquera del barrio siempre le fascinaba la capacidad de autocontrol que de la que yo alardeaba, pues era decirme “No muevas la cabeza” y convertirme en una estatua durante el tiempo necesario. Pero un buen día, a ésta buena mujer se le fue la tijera y me metió un tijerazo en una oreja. Traumatizado, me juré a mi mismo que durante el resto de mi vida pasaría el menor tiempo posible en una peluquería.
  • Himliano, el pelado: el tijeretazo de marras coincidió temporalmente con el auge de futbolistas como De la Peña o Ronaldo (el gordito, no el chulo-playas), y se me empezó a meter en la cabeza que aquello tenía que ser muy cómodo, porque entre corte y corte podrían pasar meses tranquilamente. Dicho y hecho; desde 1995 hasta finales de 2009 me he cortado siempre el pelo igual; “Pásame la máquina, por todo; sin florituras“. Sencillo y rápido. La única variación que hacía era que en verano lo cortaba al 2 y en invierno al 4, por aquello del frío. No más preocuparse de si vas peinado o no, no más sacarte un gorro y que se te queden unos pelos de loco desatado; todo son ventajas!!

(*) El pasado verano, en un alarde de extravagancia, me afeité la cabeza en plan tradicional, con tijeras y maquinilla de afeitar; pero eso ahora no viene a cuento.

A mediados de otoño, me compré una máquina de esas de cortarse el pelo; como las que usan en las peluquerías (de esas que todos los peluqueros llaman “la moto“). La compré en el Carrefour y os adelanto que es uno de los timos más grandes en los que he caído en mi vida; porque no corta una puta mierda. Es lo malo de ir a lo barato, que al final sale rana. Aunque también hay que aclarar que tengo un pelaso de mucho cuidado, pero eso ahora tampoco viene a cuento.

Lo que os venía a explicar es que cortarse el pelo uno mismo es una gozada por una serie de razones:

  • Te cortas el pelo donde y cuando quieres. Y de gratis.
  • No tienes que desplazarte a ningún sitio, lo cual para un vago como yo, es crucial.
  • Lo haces tú mismo, lo cual otorga un plus de auto-realización muy a tener en cuenta.

El único inconveniente, es que si no eres un poco mañoso, se te puede ir la mano y hacer un estropicio; para lo cual la única solución pasa por cortar todo el pelo y esperar a que crezca para volver a empezar. Pero vamos, que es algo extremadamente infrecuente, habría que ser jodidamente ñordo y torpe para que te pase…