Te despiertas por la mañana, y sin siquiera salir de debajo de las sábanas, tomas el móvil y revisas las principales redes sociales, entre ellas Facebook, incluso cuando todos sabemos que prácticamente no hay publicaciones temprano. Sin embargo, a los 10 minutos volvemos a ver si nadie ha escrito nada, y así nos pasamos buena parte del día, comprobando las novedades en Facebook aunque no haya nada interesante, y lo hacemos porque esta plataforma es sumamente adictiva, pero ¿por qué no podemos dejarla?

Por supuesto, son muchos los especialistas que han intentado desvelar el por qué de la adicción de la sociedad a las redes sociales sobre todo luego de la aparición en escena de Facebook, y al parecer, buena parte de esas explicaciones tienen que ver con la sensación de placer que experimentamos al momento de realizar interacciones sociales, y como en Facebook están a apenas un click de distancia, podemos satisfacernos casi sin dificultad. Por supuesto, lo mismo se puede aplicar a otros sitios o aplicaciones como Instagram, Twitter, e incluso las de ligar como Tinder.

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De acuerdo a los expertos más avanzados en esta temática, los seres humanos tenemos una necesidad casi natural de confirmar nuestra pertenencia a distintos grupos, y es por eso que cuando interaccionamos con otras personas en las redes sociales, por ejemplo Facebook, “nos sentimos parte de”, es decir, comprobamos que los demás nos tienen en cuenta, y aunque no tengamos problemas de autoestima ni nada parecido, simplemente no podemos dejar las redes sociales.

Incluso, hay investigadores que aseguran que entramos a Facebook no sólo para sentirnos aceptados, sino también para esperar malas noticias de las demás personas, de modo que comprobemos que somos más felices que ellas. En cambio, si observamos que los demás son más felices, tienen más amigos, más dinero o una vida más interesante -en apariencia- podemos llegar a sumirnos en una depresión más profunda. Curioso, ¿verdad?