Con sus actuaciones y movimientos en los últimos meses, Ciudadanos y Albert Rivera han conseguido generar una incertidumbre enorme en el electorado. Ideologías políticas aparte, lo que resulta obvio es que ningún ciudadano de a pie que sea ajeno a la formación naranja sabe a ciencia cierta por dónde pueden salir Rivera y los suyos. Quizá salen por la tangente, quizá no, o todo lo contrario.

Es decir, el mismo Albert Rivera que presumía junto a Pedro Sánchez de un pacto de investidura progresista, modernista y cercano a las necesidades de la mayoría social, meses después se congratulaba de mantener la estabilidad de España y de dar la posibilidad al Partido Popular de tener Gobierno. Pero, ojo, que la sorpresa va más allá, puesto que el líder de Ciudadanos repitió en pre-campaña hasta la saciedad que no daría su apoyo a un presidente devorado por la corrupción, como es Mariano Rajoy.

El tiempo es el único que nos ayuda a dilucidar un poco el rumbo de Ciudadanos. Al final, lo del veto a Rajoy quedó en el olvido y todos los congresistas del partido naranja dieron el “sí” al político cuyo nombre aparecía en los papeles de Bárcenas.

Es difícil conocer qué es Ciudadanos en realidad. Las contradicciones son constantes. Ahora se escudan en la premisa de que España necesita Gobierno, pero su naturaleza camaleónica empieza a despistar a propios y extraños. Fueron muchos españoles los que optaron por Albert Rivera en las elecciones del pasado año, pensando que quizá serían una alternativa con una idea diáfana de la política.

Pero el acuerdo de investidura alcanzado con el PP pone a las claras que esa lucha contra la corrupción y contra las viejas prácticas políticas no era del todo sincera; muchos puntos del acuerdo abogan por camuflar la corrupción y por no ser tajantes ni severos en la lucha contra su erradicación de las instituciones públicas y de los partidos políticos. Además en la misma sesión de investidura, el propio Rivera traicionó el acuerdo con el PP, sugiriendo a otro candidato que no fuera Rajoy. Todo resulta extraordinariamente imprevisible. Tal vez el Ibex-35 sea el culpable de tanta veleidad, quién sabe.

En la política actual cada vez importa menos el compromiso con los ciudadanos y el desarrollo de un armazón ideológico nítido, férreo y coherente. La imagen, la frivolidad y el convencimiento televisivo del potencial votante han terminado por hacer del escenario político un marco de caricaturas, esperpentos y conflictos más propios de la ficción y el entretenimiento que de la seriedad que debe mejorar la vida de las personas.

Los nombres de políticos y los saltos desde unos partidos a otros acaban por desprestigiar la concepción que los ciudadanos tienen de la ya de por sí maltrecha política. Si UPyD se hunde y deja a sus caras más visibles sin la oportunidad de seguir chupando del bote y de seguir ganando un dinero fácil que en otra empresa o institución pública sería más difícil de conseguir.

Así, nombres como los de Irene Montero o el del actor Toni Cantó saltaron a la palestra en los comicios del pasado año. Ambos, procedentes del partido de Rosa Díez, ya hundido del todo, decidieron marchar al PSOE y a Ciudadanos, respectivamente. Son políticos tránsfugas, sin coherencia, a pesar de que luego intenten justificar los injustificable con sus presuntas ganas de ayudar a las personas de a pie.

Tania Sánchez, que perjuró que nunca, pero nunca y nunca, se marcharía de Izquierda Unida, tardó muy poco en dar el salto a Podemos, destino al que prometió que “nunca” iría. Asistimos a una dinámica en la que los partidos anuncian los nombres de los políticos como si fueran héroes ultra capacitados. El Partido Popular en cambio es más de hacer que los nombres cobren caché dentro de su partido para después poder introducirlos en la puerta giratoria de turno.

Recordaremos también el caso de la capitana del ejército Zaida Cantera, presentada por el PSOE de Pedro Sánchez como una especie de gurú que venía a traer una pócima mágica, cuando no era más que un caso mediático de acoso en el ejército que trascendió a la opinión pública. Son las juventudes de los partidos las que sueñan cada día con dar el salto al primer equipo y llegar, sin necesidad de dar un palo al agua ni trabajar, a un puesto como el de la mismísima Susana Díaz, a la que no se le conoce oficio alguno ajeno a la política.

Si ha tenido la mala suerte de dejarse las llaves dentro de casa, puede ponerse en contacto con el cerrajero de la zona y le prestara atencion rapida.