Antes de comenzar, se hace necesario definir qué es el materialismo dialéctico tal como lo concibieron sus creadores Karl Marx y Friedrich Engels para tener una mejor comprensión de lo que se hablar primordialmente en este ensayo que no son más que las fuerzas de producción. Para ello iniciaremos desde la raíz distinguiendo al materialismo del idealismo, los cuales son los dos principales postulados de la filosofía universal orientados a explicar la realidad y el mundo en sí mismo.

Por una parte, los filósofos idealistas proponen a la idea como principio del ser y conocer por encima de cualquier empirismo, es decir, el idealismo considera que lo único que en principio existe son las ideas, los pensamientos y la espiritualidad y que todo lo material no es más que un reflejo de la idea. En cambio, los filósofos materialistas, como Karl Marx, consideran todo lo contrario; que todo lo material es lo que originalmente existe y que las ideas son reflejos de lo material, de tal forma que todo lo ligado a la espiritualidad carece de importancia para sus análisis filosóficos. De esa forma, para Marx las ideas y la conciencia no son más que consecuencias de lo material, por ende, su filosofía se enfoca en el estudio analítico de los datos, resultados y avances científicos, así como la comparación exhaustiva de la historia con la actualidad.

En ese sentido, el tándem de filósofos Marx – Engels, confeccionó una variante del materialismo que intitularon materialismo dialectico y se basa en la dialéctica del filósofo idealista de Hegel. Este género de materialismo surge en oposición al materialismo mecanicista, el cual era rechazado por Marx y Engels por refugiar el argumento de sus teorías directamente en el idealismo. Para que se entienda mejor, explicado por Cerrajeros, la discrepancia entre el materialismo mecanicista y el materialismo dialéctico se encontraba en la explicación del movimiento o la causalidad de las cosas y fenómenos.

Para los filósofos del materialismo mecanicistas la naturaleza de las cosas y los fenómenos es el estado de reposo, por lo que nada en este mundo se puede mover o cambiar por sí solo, es decir, debe haber algo que cause el movimiento de las cosas y de los fenómenos que en el mundo suceden a diario, pues la causalidad (movimiento) no es inherente a ellos. En consecuencia, los filósofos materialistas mecanicista justifican esta laguna de su filosofía, acerca del origen del movimiento de las cosas y fenómenos, en el idealismo, particularmente en Dios. En contraste, los materialistas dialécticos rechazaron dichos postulados relacionados con el idealismo.

En la filosofía del materialismo dialéctico se asegura que la causalidad de las cosas y los fenómenos es inherente a los mismos, pues son las contradicciones internas de la materia las causantes de su auto-movimiento. He allí el principal aporte de Karl Marx a esta filosofía; posiciona a la práctica en puesto de suma importancia en el proceso del conocimiento, donde la teoría se obtiene de la práctica para comprobar empíricamente la verdad de los pensamientos de esa manera.

Explicado lo anterior, entremos en materia ¿Qué son las fuerzas de producción?

Posterior a los aportes mencionados anteriormente que Karl Marx realizó por el materialismo, él y Engels sentarían las bases de lo que sería el materialismo histórico, otra torcedura del materialismo enfocada en la economía y en la relación humano – sociedad – historia. Es allí cuando Karl Marx introduce dos conceptos fundamentales de su filosofía como lo son las “fuerzas productivas” y las “relaciones de producción”, las cuales son la base de la estructura económica que Marx postula en su pensamiento.

Por una parte, las fuerzas productivas pueden ser definidas como todas aquellas fuerzas que se obtienen del aprovechamiento de la naturaleza por parte del ser humano para producir los bienes necesarios su supervivencia o enriquecimiento. Los humanos, a diferencia de los demás seres vivos, somos lo que más hemos explotado a la naturaleza para que produzcan las cosas que necesitamos; esto gracias a que nuestra capacidad mental superior que nos permite convertir lo que la naturaleza nos provee en diversos instrumentos de producción para nuestros fines.

Por otro lado, las relaciones de producción son todas aquellas alianzas que se realizan entre los seres humanos para la producción de algún bien para sus usos. En resumen y explicado de manera más simple, las fuerzas productivas, tomando como ejemplo una planta que produce algún producto a partir de materias primas, son en la actualidad todas las maquinarias, electricidad, combustibles y agua que participan en la transformación de la materia prima en productos, mientras que en este mismo ejemplo las relaciones de producción vendrían siendo todos los trabajadores asalariados que laboran en la planta y están directamente involucrados en el proceso de producción.

A todo esto, Karl Marx establece una relación entre los dos definidos conceptos para explicar su filosofía, la cual reza: las fuerzas productivas determinan las relaciones de producción, de acuerdo al grado de desarrollo de las fuerzas productivas. Esto quiere decir el acrecentamiento del grado de desarrollo de las fuerzas productivas obra en detrimento de las relaciones de producción, lo cual produce una contradicción que es el origen de las diversas revoluciones que se han dado a lo largo de la historia.

Dicha contradicción se divisa de manera más expresa mediante la lucha de clases que se produce en las relaciones de producción, donde la clase dominante de los medios de producción entra en conflicto con la clase proletaria. La clase proletaria es aquella que al no ser propietaria de medios de producción ofrece su mano de obra como servicio a cambio de una remuneración periódica.

A medida que las fuerzas productivas son más desarrolladas y depende en menor de medida del trabajo de los humanos, las relaciones de producción se ven afectadas, entran en conflicto y, por ende, en una grave contradicción, pues la clase dueña de los medios de producción prefiere despedir a una gran parte de la clase proletaria para no pagarle salario por un trabajo que los medios de producción realizan por un menor coste. De esa manera, el proletariado se subleva ante los dueños de los medios de producción y se efectúan las llamadas revoluciones.

Las fuerzas de producción, o fuerzas productivas, son por consiguiente vitales en la relación proletariado – patrones, pues, tal como Engels lo matizaba, si las fuerzas de producción tuvieran un desarrollo exiguo, los medios de producción no dieran abasto, se requeriría de más mano de obra del proletariado y, en consecuencia, no existiría la propiedad de producción privada, así como tampoco la diferencia de clases sociales; justo como sucedía en la época primitiva de la humanidad. A esa época Engels la llamaba “comunismo primitivo”.

En resumen, se puede afirmar que las fuerzas productivas, al ser las bases del trabajo y al ser el trabajo la medida más fiable del progreso de un pueblo, son los cimientos sobre los que se construyen las sociedades y, por lo tanto, son las que definen la estructura económica y política de una nación.