La soledad de Esperanza Aguirre

Qué sola se nos ha quedado la lideresa. Sola en el ámbito del poder, ella que ha sido ministra, presidenta del Senado y de la Comunidad de Madrid, reducida ahora a una simple portavoz municipal. De la capital sí, y con más votos, también, pero sin sillón. Qué duro debe ser tener que tragarse el orgullo y no poder mandar, después de años y años haciéndolo.

lideresaPero también se nos ha quedado sola en lo que a su círculo de confianza se refiere. Porque sí, podrá negarlo todo lo que quiera, pero todos sus hombres de confianza han ido cayendo uno tras de otro. Se puede tener mal ojo ¿pero tanto? Por mucho que diga que a alguno casi los conocía solo de vista no puede negar que Alberto López Viejo fue uno de sus niños mimados, que a Francisco Granados lo nombró ella y que a Ignacio González lo dejó perfectamente colocado en la Comunidad de Madrid cuando ella se fue.

Y son solo algunos de sus “pupilos”, porque en los diferentes casos de presunta corrupción destapados en los últimos meses han caído algunos otros. Desde luego, o Esperanza Aguirre no tuvo buen ojo, o no quería ver lo que había, cada cual que piense lo que quiera.

Y, por si fuera poco, se ha quedado sola en su partido, pero no por ser un “Pepito Grillo”, como alguien ha dicho, no. Sola por sus ansias de poder que quedaron más que patentes en su enfrentamiento con Alberto Ruiz-Gallardón, sola por atacar a Mariano Rajoy y sola por hacer sangre de la herida cuando menos falta le hacía al partido. Y el partido no perdona, pero aguanta, porque a pesar de todo, aplicarle un correctivo sería como darle la razón. Claro, que en eso ella fue más inteligente y se retiró de los órganos de dirección del partido a nivel regional.

Esperanza Aguirre ya no manda, hay quien la echará de menos y quien no, pero lo que no se puede negar es que está más sola que nunca ¿Cuánto será capaz de soportarlo?