¿Nos lo jugamos a los chinos?

Después del circo montado tras las últimas elecciones hay muchos que se plantean qué hacer cuando toque volver a votar. Y es una decisión difícil. Primero porque lo que se ha visto en los últimos meses no es nada alentador, un juego absurdo para prolongar una agonía a todas luces inevitable. Y, en segundo lugar, porque ¿qué opciones quedan?

Una parte, desencantada, se irá de fin de semana y no hará ningún esfuerzo por ir a votar ¡total para qué! Otra parte tal vez sea fiel a sus principios y no modifique su voto. Y hay otra parte que seguramente está pensando en jugárselo al “pito pito gorgorito” con los riesgos que eso implica.

Riesgo sí, porque jugarse a quién votar no es un juego, es un verdadero peligro. Solo hay que imaginar que si con los partidos que han alcanzado representación parlamentaria se ha liado la de San Quintín, con unos cuantos más la situación puede ser ya de película de risa…o de terror, según se mire.

Y todavía puede ocurrir algo peor. Evidentemente, quien se presenta a unas elecciones lo hace con toda la legitimidad del mundo, eso es innegable. Pero pueden darse situaciones muy particulares. Los más jóvenes tal vez no lo sepan, pero al menos sí conocen al protagonista de esta historia y algunas de sus poco lícitas andanzas. Hablamos de José María Ruiz-Mateos.

Corría el año 1989, había convocadas elecciones al Parlamento Europeo y Ruiz-Mateos se presentaba a ella con un partido de nombre poco original llamado Agrupación de Electores Ruiz-Mateos ¿Qué ocurrió? Hubo quien tal vez desencantado o tal vez como broma (o por convicción, que de todo hubo) votó a este partido ¿Resultado? Dos escaños e inmunidad parlamentaria para Ruiz-Mateos.

No, no es bueno jugarse decisiones importantes a los chinos, pero también es cierto que a veces la situación casi “obliga” a ello. Al menos un consejo, meditarlo bien, los juegos a veces tienen consecuencias tremendas.