¿Te ha sucedido alguna vez que llevas más horas despierto de las que te gustaría, y de pronto sientas que tu cerebro ya no está trabajando como debería? Pues entonces tienes que saber que no se trata de una casualidad ni mucho menos, sino que esto tiene una explicación lógica, más de una vez analizada por los principales científicos del mundo, que indica que a medida que estamos más y más cansados por la ausencia de horas de sueño, podemos ser más “vulnerables” a la verdad.

En efecto, si eres un fanático de las películas, y sobre todo de las policiales o de suspenso, habrás visto que cuando hay un sospechoso al que interrogan y quieren sacarle la verdad, muchas veces le aíslan por bastante tiempo para que se canse. Y es que diversos estudios, entre ellos algunos realizados por la Universidad de Michigan, una de las más prestigiosas de los Estados Unidos, sostienen que cuanto más cansados estamos, más posible es que desvelemos algunos secretos.

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Sin embargo, resulta también curioso que como parte de estas investigaciones, lo expertos han comprobado que incluso cuando estando cansados es mucho más probable que digamos cosa que no queremos, eso no puede asegurarle a quien nos interroga, que efectivamente le estemos diciendo la verdad, sino que incluso puede que lleguemos a confesar un hecho que nunca sucedió, para finalmente conseguir el descanso deseado. De ser así, la forma de interrogatorio habitual debería ser modificada para evitar posibles errores, aunque mas no se trate de un procedimiento más que forma parte de las investigaciones habituales.

En concreto, tenemos que decir entonces que la falta de sueño hace mucho más probable que confesemos un hecho… aunque en realidad nunca haya ocurrido. Por eso mismo, si estás hablando con alguien que lleva bastante sin dormir, mejor que no te tomes al pie de la letra todo lo que te dice… y si eres tú el que ya está casi vencido por el sueño, mejor que vayas a la cama, antes de que cuentes tus secretos.

Te despiertas por la mañana, y sin siquiera salir de debajo de las sábanas, tomas el móvil y revisas las principales redes sociales, entre ellas Facebook, incluso cuando todos sabemos que prácticamente no hay publicaciones temprano. Sin embargo, a los 10 minutos volvemos a ver si nadie ha escrito nada, y así nos pasamos buena parte del día, comprobando las novedades en Facebook aunque no haya nada interesante, y lo hacemos porque esta plataforma es sumamente adictiva, pero ¿por qué no podemos dejarla?

Por supuesto, son muchos los especialistas que han intentado desvelar el por qué de la adicción de la sociedad a las redes sociales sobre todo luego de la aparición en escena de Facebook, y al parecer, buena parte de esas explicaciones tienen que ver con la sensación de placer que experimentamos al momento de realizar interacciones sociales, y como en Facebook están a apenas un click de distancia, podemos satisfacernos casi sin dificultad. Por supuesto, lo mismo se puede aplicar a otros sitios o aplicaciones como Instagram, Twitter, e incluso las de ligar como Tinder.

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De acuerdo a los expertos más avanzados en esta temática, los seres humanos tenemos una necesidad casi natural de confirmar nuestra pertenencia a distintos grupos, y es por eso que cuando interaccionamos con otras personas en las redes sociales, por ejemplo Facebook, “nos sentimos parte de”, es decir, comprobamos que los demás nos tienen en cuenta, y aunque no tengamos problemas de autoestima ni nada parecido, simplemente no podemos dejar las redes sociales.

Incluso, hay investigadores que aseguran que entramos a Facebook no sólo para sentirnos aceptados, sino también para esperar malas noticias de las demás personas, de modo que comprobemos que somos más felices que ellas. En cambio, si observamos que los demás son más felices, tienen más amigos, más dinero o una vida más interesante -en apariencia- podemos llegar a sumirnos en una depresión más profunda. Curioso, ¿verdad?

Más de una vez encontraremos artículos que hablen acerca de las películas más sangrientas de la historia, es decir aquellas que a lo largo del argumento nos enseñaron más muertes en terribles circunstancias. Y sin embargo, una cosa es lo que se produce a nivel cinematográfico, y otra muy distinta la vida real. Por eso, cuando hablamos de la película más mortífera de la historia, tenemos que mencionar a “El conquistador de Mongolia ”, protagonizada ni más ni menos que por John Wayne.

Lo cierto es que director Oscar Millard tenía el guión de la mencionada película listo para ser rodado a mediados de la década de los ´50, y una vez decididos los actores, que incluían al reconocido John Wayne para el protagónico, escogió como sitios de grabaciones, tres campos que se encontraban muy cerca de los campos de pruebas de armamento nuclear del Ejército de los Estados Unidos, tal vez mucho más cerca de lo que hubiera sido recomendable.

Sucede que en esos campos, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos realizaba todo tipo de prácticas relacionadas con el lanzamiento de armas nucleares de alto alcance, lo que por supuesto comenzó a afectar a los actores, aunque pocos lo notaron en ese momento. Sin embargo, en poco tiempo había quedado claro que el sitio elegido fue una especie de sentencia de muerte para el elenco, pues los casos de cáncer y distintas enfermedades brotaron de golpe y de a decenas.

En los siguientes 30 años, se calcula que cerca de 150 de los actores y ayudantes que participaron de la película habían fallecido como consecuencia directa de su exposición a los restos de armas nucleares probadas por los Estados Unidos durante las grabaciones. Incluso entre ellos estaban el propio John Wayne, además del compositor de la banda sonora, Victor Young, el director alterno Dick Powell o la actriz Agnes Moorehead, quienes fueron los primeros en perder la vida en la que efectivamente ha sido hasta ahora, la película más mortífera de todos los tiempos.

Claro que a todos nos gusta el alcohol, y si no nos gusta demasiado, al menos debemos tener la honestidad de admitir que es el culpable de muchas de nuestras mejores aventuras y anécdotas, y es por eso que volvemos a recurrir a él cada fin de semana. Sin embargo, también es cierto que cuando nos levantamos al otro día podemos arrepentirnos lo suficiente de lo tomado la noche anterior como para jurar no volver a tocar una bebida alcohólica, y es que cuando la resaca aparece, existen pocas sensaciones más molestas que ésta.

Sin embargo, estamos convencidos de que todos nosotros pagaríamos un poco más por alguna bebida alcohólica que no deje resaca, y es que eso nos evitaría muchísimos problemas, e incluso podríamos darnos el gusto de tomarla más seguido. En Corea del Norte los especialistas han hecho el esfuerzo al respecto -aunque por diferentes circunstancias que tienen más que ver con su idiosincrasia- y parece que dentro de poco, en todo el mundo podremos gozar de los primeros prototipos de bebidas alcohólicas que no dejan resaca.

Claro, seguramente te estarás preguntando entonces cuáles son los ingredientes de esta bebida tan curiosa que provoca los mismos efectos que el alcohol pero que no tiene consecuencias negativas, es decir, prácticamente el brebaje perfecto. Por lo que se sabe, se trata de un licor denominado Koryo, el que se desarrollad a partir de la raíz de gingseng y el arroz, reemplazando además uno de los componentes más nocivos que tiene el alcohol tradicional que es el azúcar.

El caso es que aunque muchos expertos tienen sus dudas acerca de que este invento realmente pueda funcionar -consideran que o bien no produce los efectos del alcohol, o que en caso de sí producirlos de ninguna manera puede dejar de provocar resaca-, lo cierto es que sus creadores aseguran que además se trata de una bebida por demás recomendable gracias a que cuenta con todas las propiedades curativas del gingseng. Si realmente el licor de Koryo no deja resaca, no tenemos dudas de que pronto lo tendremos en los principales bares españoles.

 

Una de las cosas que me ha dado por hacer últimamente es auto-cortarme el pelo; es decir, que me corto el pelo yo mismo. Por alguna extraña razón, cuando admites ésta práctica en público, te tachan poco menos que de loco. Que vale, yo bien del todo no esoty, pero loco, lo que se dice loco no; un poco ido a lo sumo.

El caso es que desde que nací sólo he llevado dos (*) cortes de pelo distintos:

  • El corte de pelo de niño bueno: que es el que le encanta a todas las madres de España (excepto a las que son unas chonis). A la peluquera del barrio siempre le fascinaba la capacidad de autocontrol que de la que yo alardeaba, pues era decirme “No muevas la cabeza” y convertirme en una estatua durante el tiempo necesario. Pero un buen día, a ésta buena mujer se le fue la tijera y me metió un tijerazo en una oreja. Traumatizado, me juré a mi mismo que durante el resto de mi vida pasaría el menor tiempo posible en una peluquería.
  • Himliano, el pelado: el tijeretazo de marras coincidió temporalmente con el auge de futbolistas como De la Peña o Ronaldo (el gordito, no el chulo-playas), y se me empezó a meter en la cabeza que aquello tenía que ser muy cómodo, porque entre corte y corte podrían pasar meses tranquilamente. Dicho y hecho; desde 1995 hasta finales de 2009 me he cortado siempre el pelo igual; “Pásame la máquina, por todo; sin florituras“. Sencillo y rápido. La única variación que hacía era que en verano lo cortaba al 2 y en invierno al 4, por aquello del frío. No más preocuparse de si vas peinado o no, no más sacarte un gorro y que se te queden unos pelos de loco desatado; todo son ventajas!!

(*) El pasado verano, en un alarde de extravagancia, me afeité la cabeza en plan tradicional, con tijeras y maquinilla de afeitar; pero eso ahora no viene a cuento.

A mediados de otoño, me compré una máquina de esas de cortarse el pelo; como las que usan en las peluquerías (de esas que todos los peluqueros llaman “la moto“). La compré en el Carrefour y os adelanto que es uno de los timos más grandes en los que he caído en mi vida; porque no corta una puta mierda. Es lo malo de ir a lo barato, que al final sale rana. Aunque también hay que aclarar que tengo un pelaso de mucho cuidado, pero eso ahora tampoco viene a cuento.

Lo que os venía a explicar es que cortarse el pelo uno mismo es una gozada por una serie de razones:

  • Te cortas el pelo donde y cuando quieres. Y de gratis.
  • No tienes que desplazarte a ningún sitio, lo cual para un vago como yo, es crucial.
  • Lo haces tú mismo, lo cual otorga un plus de auto-realización muy a tener en cuenta.

El único inconveniente, es que si no eres un poco mañoso, se te puede ir la mano y hacer un estropicio; para lo cual la única solución pasa por cortar todo el pelo y esperar a que crezca para volver a empezar. Pero vamos, que es algo extremadamente infrecuente, habría que ser jodidamente ñordo y torpe para que te pase…

Uno de los propósitos para el próximo año que me he decidio a cumplir es ser mucho más cabrón con la gente que se lo merezca, porque está visto y comprobado que ser amable con gente cabrona es perder el tiempo; ya lo decía Patton:

El valor sin educacion es inutil frente a las balas educadas.

El caso es que estaba yo conduciendo por el centro de Pontevedra (más concretamente en la Plaza de Galicia) mientras llevaba a mi tía; cuando de repente, un BMW sale a toda leche (en plan “tufás tufurius” de una calle que desemboca en la plaza, se me pone detrás y empieza a pitar. Pero a pitar como una loca.

Que pasa, que la señora ésta, se ve que no entiende como va lo del ceda el paso, y seguramente no sepa que aunque lleves un BMW tienes que ceder el paso igual, aunque sea a un destartalado Peugeot 205 (blanco, para más señas, pero no un blanco cualquiera, sino un blanco ).

Mientras iba mirando a la señorona ésta por el retrovisor me iba formando un estereotipo consistente en que era la tipica vieja amargada que inicia cualquier discusión con el manido:

¿No sabe usted quien es mi marido?

y mientras iba pensando eso, paralelamente me iba encabronando porque mi tía estaba repitiéndome que pasase de la vieja sin parar, como un loro.

Entre el estereotipo que me había montado y el orgullo que me proporciona ir dentro de mi 205 (no en vano, para mí éste coche es como mi Viper) me dejé envenenar por el espíritu de la lucha de clases y le dije (retrovisor mediante) el típico “Que paaaaaaaaasa?” con acento madrileño.

La vieja (que iba acompañada por una chavala rubia; melafo por cierto; que se iba partiendo de risa) me respondió con el gesto inequívoco de llevarse el dedo al ojo como diciendo A ver si te fijas!!, más algunos insultos que no pude descifrar.

A lo que yo respondí haciendo un triángulo invertido con las dos manos, representando una señal de “Ceda el paso“, al tiempo que le gritaba Fíjate tú en el ceda, imbécil, que me la suda que lleves un BMW..

Aquí la mujer estalló y empezó a vociferar aún más, quizás porque interpretó que mi triángulo invertido era una alusión a su vagina, no lo sé seguro. A lo que yo respondí, con aire provocador, con el gesto inequívoco del Tito MC cuando dice su famosa frase Hablas mucho, so capucho !! Comón !!

Entonces va la vieja y me hace un finger, una peineta, un corte de manga, como lo queráis llamar. ¡A mí! Ni corto ni perezoso, con las dos manos (porque a todo ésto, estábamos parados en un atasco) le hago, no uno, sino dos fingers con mis enormes manos de joyero, acompañados de la sonrisa más socarrona que pude sacar.

Me quedó pena de que, como temía mi tía, a la tipa ésta no le diese por darme con el BMW por detrás para hacerle una caricia a mi coche, porque siempre he querido saber que tal reacciona la carrocería de un BMW a las patadas propinadas por un pie que calza un 46. Lástima que no me diese ésa satisfacción.

Si es que, como siempre, el señor Ponzonha tiene razón. Lástima no tener un Hummer, un quitanieves o incluso un T-72 (siempre he querido emular a James Bond en “Goldeneye” e impartir un poco de justicia vial.)

Aún no ha llegado el día en que una vieja en BMW se me ponga chula y salga impne. No señor.

Vivir en el rural tiene varias ventajas:

  • Puedes poner la música tan alta que para cuando los vecinos la oigan el planeta ya habría explotado.
  • Puedes salir a jugar con los amigos al fútbol aunque sea en la carretera porque casi no pasan coches.
  • Y muchas otras…

También tiene inconvenientes, algunos muy gordos; pero uno de los que más me molesta es cuando el cartero se va de vacaciones; no os podéis imaginar el pifostio que se monta cada año donde vivo en éstas fechas.

A lo largo del año, día tras día, los carteros van aprendiendose los nombres de los inquilinos de cada casa y con sólo ver ese dato ya no necesitan nada más para llevar ésa carta a su destinatario. Pero al llegar Julio ~ Agosto, éstos buenos profesionales se toman un merecido descanso y les sustituyen unos incompetentes supinos que no se toman ni la más mínima molestia en hacer bien su trabajo.

Yo entiendo que quizás estén cobrando una mierda y hay mucha distancia que cubrir, y entiendo que si estás puteado es difícil encontrar motivación; pero joder tíos, sois carteros, es un trabajo importante, esforzárseme un poco. Por poneros un ejemplo, el año pasado un día pillé 4 cartas, de las cuales 3 no eran para ésta casa; 2 para el vecino de al lado (cuya sobrina está tremenda y no me hace ni puto caso; ella se lo pierde) y otra para uno que vive a tomar por saco cuesta abajo (que ir cuesta abajo no es que me cause un problema; pero al regresar es cuesta arriba y eso ya me jode un poco). Y la cosa así durante un par de días, siempre una o dos cartas que eran para otra persona, y así en cada casa; con lo que a media mañana andaba ya todo el vecindario en plan cambio de cromos para recibir su correspondencia.

Y a mi lo que me jode tremendamente es que, vale que la numeración no siempre sea fiable, pero cómo narices puedes dejar cartas para 8 tíos que se apelliden de forma totalmente distinta en una casita tan pequeña que no pueden vivir más de 3 personas… por favor, usar la cabeza para algo más que llevar gorra.

Total, que algunos vecinos empezamos a poner unas plaquitas en los buzones con los nombres y apellidos de la peña que vive en cada casa. Pues ni así, no me jodas, vamos, que ya ni miramos las cartas, se reparten casi al azar (una vez nos dejaron un par para el barrio de al lado). Y así día tras día, hasta que claro, un día le haces la espera, te da las cartas en la mano y al ver lo incompetente que se puede llegar a ser, se te cruzan los cables.

– ¡Eh!, ven aquí. ¿Sabes que es ésto? [Señalando la placa del buzón con los nombres]
– Los nombres de las personas que viven en ésta casa, ¿no?
– Bien, ahora mira para quien es ésta carta que acabas de dejar… ¿Está ese nombre en la lista del buzón?
– Pues… no, no está.
– ¿¿Entonces por qué cojones dejas la carta aquí cuando es obvio que ésa persona no vive en ésta casa??
– Bueno… es que el número coincide… y a veces…
– Que sí machote, lo que tú digas. De hoy en adelante te agredecería que dejases aquí las cartas que vayan dirigidas a las personas de ésta lista ¿de acuerdo? Venga, gracias por las cartas.

Hasta el verano siguiente (que volvieron a mandar a otro sustiputo distinto) las cartas fueron llegando correctamente.

Y me jode tremendamente que ésta peña de recambio o sustitución no se tome su curro un poco más en serio; joder, señores, que estáis llevando el correo, que sois funcionarios del Estado (que raro… funcionarios incompetentes). Y cuidado como les digas algo en un tono que no les guste, que a veces parece que hay que pedirles por favor que te dejen tu correo en tu buzón.

Y es que hay que tomarse en serio el reparto, porque imaginate que dejas una carta urgente en la casa equivocada, si hay alguien pues bueno, seguramente se tome la molestia de hacérsela llegar a su destinatario o de devolverla al cartero, pero ojito, porque es verano. Imagínate que la echas en una casa que no haya nadie por vacaciones o por algún imprevisto o vete tu a saber. Como la carta sea urgente se puede montar ahí un marrón importante. (Vale, que exagero, pero creo que se pilla la idea)

Señores sustitutos, un poco más de ganas, que no cuesta tanto.

Un saludo.

Estas semanas se ha reavivado mi pasión por las series. Primero fué Battlestar Galáctica, luego retomé The Big Bang Theory, he seguido la cuarta temporada de Héroes al día y como comentaba la semana pasada, ahora he decidido retomar Lost desde allá atrás cuando la dejé en la segunda temporada.

Mucha gente dejó de ver Heroes en la segunda temporada… No les culpo. Pero yo siempre he me he mantenido relativamente fiel (normalmente descargo y veo los capítulos de muchos en muchos con largas pausas entre medias, no uno a la semana). Creo que es de las series que ha tenido uno de los altibajos más pronunciados en los últimos años, encantando a mucha gente al principio mientars que ahora somos pocos los que la vemos (en comparación con cuantos había antes). De mis amigos, por cada uno que sigue viendo Heroes puedo contar fácilmente a diez que la han dejado.

Creo que la “bajada de calidad” (tema discutible) que la serie tuvo en la segunda temporada ha auyentado a mucha gente, pero en mi opinión ésta bajada solo fué temporal. Para mí la segunda mitad de la segunda, asi como la tercera y la cuarta, son temporadas muy buenas y el conjunto es una serie que merece sin duda la pena ver hasta donde llega. Aunque he de reconocer que ningun capítulo me hizo vibrar tanto como los de la primera.

En definitiva, recomiendo a todos los que dejasteis Heroes en “el gran bajón” que os planteéis retomarla. El mejor modo de superar el bache, y el que yo recomiendo, es bajarse las temporadas 2 y 3 completas y verse en una tarde de resaca de domingo los 12 capítulos de la segunda (e incluso comenzar la tercera). Si superáis esos primeros capítulos raros de la segunda y le cogéis el gusanillo, descubriréiss una serie de fantasía con un argumento bastante bueno (aunque no excelente) y unos diálogos que, en mi opinión, son la leche.