Religión y política: un coctel explosivo

Aunque siempre ha existido, últimamente hemos visto que las iglesias y los adeptos a las distintas religiones del mundo cada día más se inmiscuyen en el mundo de la política, pues pretenden que la organización ideal como sociedad es aquella que las deidades dictan y ellos sólo saben. No hay nada de malo en ello, pues siendo creyentes o no creyentes nunca sabremos cuál es el modelo de sociedad ideal que nos traerá paz y bienestar infinito, por lo que llevar a cabo políticas religiosas no está nada mal y no es ni mejor ni peor que las políticas laicas.

Sin embargo, el fanatismo religioso al ser ligado con los conflictos políticos crea un coctel sumamente explosivo con efectos nocivos para toda la población cercana al radio de expansión del estallido. Para muestra de ello, el conflicto entre israelíes y palestinos por la posesión de la tierra santa Jerusalén. Recientemente el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald Trump, ha declarado de manera tácita que Jerusalén le pertenece al pueblo de Israel y no al de Palestina, al mudar su embajada del centro de Israel hacia Jerusalén. Este acto irracional, digno de un orate como lo es Trump, ha suscitado la insurgencia del pueblo palestino contra el pueblo israelí, pues ellos consideran que, además que Jerusalén no les pertenece a los israelíes, en una tierra santa no debería existir una embajada ni ningún otro tipo de tesitura política. Todo eso se ha traducido en una guerra a muerte entre civiles y militares de un bando y otro para defender sus ideologías políticas y religiosas.

Como lo de Israel vs. Palestina sucede en todo medio oriente con distintos protagonistas, siendo así un territorio dominado por las guerras políticas y religiosas. No obstante, no sólo en medio oriente sucede esto, en Europa también pasa con frecuencia menor, pero con impactos igual de alarmantes. El Vaticano, por ejemplo, ha sido foco de críticas por su decantación en los conflictos políticos entre dos o más países. Igualmente, sus escándalos de pedofilia no le han hecho nada bien al catolicismo provocando en todas partes del mundo guerras ideológicas y políticas. Desde Cerrajeros no se apoya a ningún tipo de estas guerras y se solicita la paz mundial urgentemente.

En conclusión, política y religión no han de ser mezclados de manera fanática. Todo en su correcta medida proporciona resultados beneficiosos si se tienen buenas intenciones, pero si se lleva a los extremos las tendencias políticas y religiosas, obtendremos el coctel explosivo del que hablamos. Desde aquí, desde este humilde blog, exhortamos a todos los mandatarios del mundo a trabajar en pro de la paz global y a aceptar que las guerras sólo son soluciones obsoletas y anticuadas que el tiempo ha demostrado que no solucionan absolutamente nada. Los religiosos deben entender que la espiritualidad no puede verse contaminada por la corrupción política, y los políticos deben entender que el fanatismo eclesiástico nunca debe dominar las decisiones políticas, pues sólo de esa forma nos acercaremos a la sociedad ideal que buscamos.

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